PERDEMOS NUESTRA PRIVACIDAD CON EL RECONOCIMIENTO FACIAL

El uso de la huella dactilar se convirtió en una gran herramienta de seguridad para evitar la suplantación de identidad. Es tal la masificación de su uso que algunos edificios y entidades con sencillos equipos leen la huella dactilar de sus visitantes como medida de control de acceso.

Igualmente se avanza en la masificación del reconocimiento facial. Ya el IPhone X lo usa, al igual que Facebook. Cuando queremos etiquetar a los amigos en una fotografía en esta red social, la misma nos hace sugerencias de quién se trata gracias a los algoritmos.

Lo que preocupa de la masificación del reconocimiento facial es que a futuro cualquier persona que vaya a nuestro lado en un bus, en una fila o compartiendo en un restaurante podrá  reconocernos con solo tomarnos una foto.

Las autoridades y organismos de inteligencia tienen ya registradas millones de fotos. Adicionalmente, las cámaras de seguridad también pueden hacer el reconocimiento facial, pero se desconoce con certeza en qué bases de datos son alojados esos registros y el fin de su uso.

Hay una aplicación que se llama FindFace que permite que las personas tomen fotos en la calle o cualquier parte a transeúntes y, luego casi de inmediato logran ubicar sus identidades en las diferentes redes sociales. Según los creadores de la aplicación FindFace, la misma puede buscar entre más de 300 millones de cuentas la fotografía con el fin de establecer la identidad de una persona.

La lucha por la privacidad va por un lado y el de las autoridades por otro, pues también es cierto que muchos terroristas y delincuentes han sido capturados gracias al reconocimiento facial. Cada día los lentes de las cámaras son más potentes y su capacidad de acercamiento permite la identificación de más personas.

Estimativos indican que China dispone de bases de datos con más de mil millones de fotos de sus ciudadanos. Para el caso de Norteamérica algunas cifras revelan que 125 millones de ciudadanos están ya en las bases de datos de la Policía.

El problema radica hacia dónde van nuestras caras. Hay una proliferación de videos sin control alguno y filmaciones de drones, cámaras de tránsito, cámaras callejeras y comercios sin que existan fuertes controles a la privacidad.

Ante este panorama es importante el manejo de datos confidenciales. La sistematización en muchas ocasiones nos obliga a colocar nuestro número de celular, cédula de ciudadanía, dirección de residencia, oficina y una serie de datos que podrían utilizarse con fines criminales si no son celosamente respaldados.

Por: Luis Rodríguez Tamayo

Leave a Reply

Your email address will not be published.